Me uno a su conversación. Y de forma tardía, me presento, soy Sandra Viviana Sánchez, bogotana graduada de ciencia política. Actualmente vivo en el Ejido Mañi, cerca de Jiquipilco, Estado de México.
Desde la secundaria siempre tuve interés por la realidad de mi país, y posteriormente, por la transformación del mismo. Lo que me ha llevado a participar en distintos procesos como: el Grupo Libertario Vía Libre, Centro de Educación Popular Chipacuy, Enlace Comunicativo. Estos procesos surgieron y se han mantenido porque diversas personas compartimos historias, pensamientos, sentimientos.
No obstante, empezar un trabajo de base en México, me ha costado bastante, a veces no tengo claro cómo empezar, ¿Qué estrategia aplicar para convocar a la gente y plantearnos la posibilidad de repesarnos cómo vivimos en el Ejido? ¿en qué momento mi interés por transformar o por lo menos dialogar sobre el territorio rompe con la dinámica del encuentro y se convierte en una búsqueda?
La relación encuentro-búsqueda es compleja, porque quedarme “quieta” es bastante difícil, dado que la cotidianidad del lugar no se caracteriza precisamente por el encuentro. Hay tanto trabajo doméstico en el hogar, los hij@s, los animales, las tortillas hechas a mano, que no da tiempo. Siento que como ciudadana debo aportar algo a la comunidad que llego, sin que ello no signifique que reciba muchos aprendizajes de la misma. En otras palabras, si Mahoma no va a la montaña, la montaña va Mahoma.
Al igual que Belinda me siento en caos porque no quiero imponer y sin embargo si proponer, ser escuchada y ser parte del “engranaje colectivo”. También en caos, en tanto que, tampoco tengo claro como mediar mi trabajo profesional con el comunitario -por decirlo de alguna forma- Ya que comprendo que el trabajo no debe estar separado de la vida y viceversa: se trabaja en lo que se ama y se ama en lo que se trabaja.
En ese intento por combinar trabajo y vida, decidí emprender un proyecto. Como soy nueva en la zona, y casi nadie me conoce, decidí tocar puertas en una secundaria. Les plantee la propuesta, dejándola abierta a cambios de los maestros de planta y de no establecer objetivos a priori. Pese a ello, las pláticas con los maestros y el director, siempre terminan limitandola debido a la cantidad de reglas para poder hacer algo; al fijar un horario, desear resultados, desconocer la cotidianidad, entre otros.
En ese sentido, concuerdo con Nahia es mejo trabajar desde fuera con y desde la gente. Y Agradezco no tener que estar en un lugar que no me permita ser y hacer.
Justo estos días, me replanteo la idea de continuar estableciendo lazos con el colegio para poder visibilizar y/o construir experiencias. Por ahora, me concentro en el cine club “la tierra del maíz” que se está llevando a cabo todos los viernes y de carácter gratuito en el kiosco. Vamos a ver que puede salir de allí, tengo expectativas, sin embargo… dejar fluir.
Me gustaría también mencionar que la lectura de Jesús Ibáñez causó un boom porque percibí uno de los errores que mantengo en escritos de carácter investigativo al comprender que he sido una cazadora de almas que conversa y no dialoga, pregunta y no es interrogada, retiene el hacer por elegir el decir, e impone un lenguaje (sin ser consciente de ello, aunque reconozco que a mis textos les falta un noseque, y encontré la respuesta). Descubrir que esta metodología carece de lo abierto, lo expansivo y de la construcción de otros estados posibles, me lleva a repensar mis próximos escritos y a adentrarme en la dialéctica y el socio-análisis. Es también una cuestión de desempoderamiento, vaya trabajo a nivel individual, en primera instancia.
Emprendiendo un camino de comprensión y acción desde la dialéctica.
Muchas gracias