Hola a todos. Me llamo Belinda Contreras, vivo en Michoacán, en México. Y estoy estudiando un doctorado en ciencias de la sostenibilidad en la UNAM. Me formé en comunicación y luego en ecología y pedagogía. Y trabajé muchos felices en años en comunidades indígenas en el estado de Veracruz. Quise presentarme primero, como quien tiende una mano a todos ustedes, para conocer primero una pequeña parte del ser humano y después platicar de lo que vaya surgiendo.
Conocí el Ilusionismo social hace unos 3 años, gracias a una amiga que estudia en España. Yo estaba terminando el análisis de la tesis de una maestría en ecología. Había trabajado con mujeres tejedoras, en la parte etnoecológica y mucho de los saberes y la comunicación. Fueron 5 años de trabajar y vivir en la región; fue la gran experiencia de mi vida. Entonces, queriendo analizar TODO aquello me perdí, pues el proceso había sido muy orgánico y flexible, lo cual agradezco, pero a la hora de presentar eso a la academia tuve una crisis importante. Intercambié muchas cartas con mi amiga, y ella me platicó de Javier (quien le dio un curso en Sevilla) y del Ilusionismo. Entonces llegó a mí como una luz, que me permitió dar forma a lo que había pasado. Platiqué en varios correos con Javier sobre esto, sobre como lamentaba no haberlo conocido desde el principio, pero infinitamente agradecida de haberlo encontrado. En días pasados, Ainhoa describió bien lo que me ha ocurrido, en un par de tesis, en que el trabajo “de campo” ya estaba realizado, y el ilusionismo fue para mí una válvula, algo a lo cual agarrarme para entender y explicar el quehacer. Y cada lectura ha sido un reencuentro con todo lo que he venido pensando/sintiendo/haciendo/creyendo/siendo; confirmando que a cada momento, incluso lo que nos parece ya tan cotidiano, se va cargando de nuevos significados; pues si hasta lo que nos es tan natural como comer o respirar, se reaprende cada día.
Hoy, mis estudios llevan un año, y ha sido un proceso importante de aprendizaje, de entender sobre una nueva actividad y empaparme de una nueva región. Precisamente, estoy planeando los 3 años que restan a este proceso formativo, el cual será una parte de lo que está aconteciendo en varias comunidades de la cuenca del lago de Pátzcuaro. Busqué este curso como quien busca un faro desde altamar. Vine buscando aprender, avanzar hacia la claridad. Las lecturas me han “confundido” en el mejor sentido del término, pues yo veo peligro en tener mucha seguridad de lo que se va a hacer, siento que nos aleja del ver, escuchar y aceptar con flexibilidad las realidades. Siento mi proceso formativo revuelto, cimbrado y mucho de mí se ha puesto en marcha. Estoy convencida, por mucho de lo que leímos, que en esta forma de hacer hay esperanza, elementos que sé que son las rutas para avanzar en las experiencias de esos mundos ágiles que están tras las puertas de las universidades. Lamento la momificación de mucho de lo que es la ciencia, y admiro muchas cosas también, pero atestiguo una desconexión entre mucho de su proceder y lo que ocurre en las culturas populares. Quiero poder encontrar una forma de transitar en ese proceso formativo inscrito en los procesos académicos, y poder realizar un proyecto que se sume a lo que la colectividad de algunas comunidades pesqueras anhelan en su vida cotidiana. Mucho de lo leído tuvo resonancia en mí, estoy asimilando y escribiendo, dando una forma y fondo a ese proyecto, y a mí misma. En esa búsqueda me encuentro y agradezco a cada uno de ustedes las provocaciones, enseñanzas y palabras. Gracias.